miércoles, 2 de marzo de 2016

Un día en un colectivo.

No sé porque me acuerdo puntualmente de ese día en el colectivo. No sé cual de todas las cosas era más importante resaltar.
El primer día de secundaria, mi primer viaje en bondi sola, a un barrio nuevo que no conocía nada, y menos tenía amigos.
Me acuerdo que en esa época los 628 eran minúsculos. Me acuerdo que era un día con el clima templado, pero yo tenía un pulover, o alguna campera ligera.
También me acuerdo que cuando me subí al colectivo me senté en el asiento del fondo, a la izquierda, el más próximo a la puerta de descenso.
Me acuerdo que en esa época usaba el pelo corto, flequillo al costado y dos coletas (que boba, pero me gustaba). Tenía como 12 años. Un bebé. Aparte mi cara nunca me ayudó, así que supongo que me debo haber visto como una nena de 10 años, la estatura tampoco, pero no importa.
Siempre me intimidaron las grandes masas de gente, quizás no intimidar, pero si incomodar. Era respirar y contar hasta que me acostumbrara, eso siempre me tranquiliza un poco 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7...
Ese día se subió un señor, opino que era un señor, recuerdo que tenía un anillo en la mano derecha en el dedo anular. También recuerdo que nadie quería estar cerca del tipo, claro, nadie femenino, no había muchos hombres por ahí, así que creí que era solo porque tenía una particularidad... Su mano derecha temblaba, todo el tiempo, o por lo menos eso recuerda mi pierna y mi cabeza. ¿Por qué mi pierna? Porque el señor se sentó a mi lado. Apoyó su mano en su pierna y lentamente se fue transportando a la izquierda mía.
En ese momento empecé otra vez a contar 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10...
Siempre fui una nena no problemática, lo contrario a los adolescentes normalmente, callada y sin querer hacer una rebelión a los adultos.
Creí que lo mejor era no decir a nadie nada, con la boca, principalmente porque quizás el tipo se sintiera mal, porque quizás era alguna enfermedad que tenía la cual hacía que su brazo temblara y por consecuencia me tocara la pierna. Mire a toda persona que pudiera tener contacto visual conmigo, nadie me dio bola, fue un sufrimiento de 15 cuadras.
¿Se imaginan para alguien a quien le incomoda la gente, que un completo desconocido le este tocando la pierna?
Quería tirarme del colectivo. Creo que a partir de ese momento es que empecé a evitar que a otras personas les pasaran pequeños actos en los cuales no se pudieran defender. Porque sabía que era horrible contar hasta 100 y que nadie pudiera ayudarte.

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